1ª parte de esta entrevista en: http://t.co/C5G4vCg1
- ¿Piensas que Siria es la antesala
de una intervención en Irán?
Ya lo es. En el
momento que Washington se asegure de que Israel se quedará fuera del alcance de
las represalias de Assad, establecerá un corredor humanitario en la frontera
turco-siria, allanando el camino para el ataque final, que además podrá
provocar la división del país en cantones árabe- suníes, kurdos, alauitas y
drusos. Así, los sirios, desunidos, nunca levantarán cabeza para cuestionar la
tutela Israelí-estadounidense sobre su milenario territorio.
- ¿Qué consecuencias podría tener dicha
intervención?
Un verdadero Apocalipsis: planean bombardear las instalaciones
nucleares iraníes, sin que nadie reaccione ante tal barbarie. Ya preparan a la
opinión pública: Un tribunal estadounidense, ahora, once años después, condena
a Teherán por el 11-S, mientras “el atentado por el atentado” en Irán, India,
Georgia y Tailandia actualizan el “ojo por ojo”, mostrando la dimensión
universal del conflicto entre EEUU-Israel e Irán, que apesta a petróleo y
dominación. ¿Los responsables? Mercaderes de muerte, armas, dinero y poder,
demonios disfrazados de salvadores, y también los progres belicistas que ansían
“enterrar a los yanquis en el Pérsico” y animan a la República Islámica a
lanzar la batalla final contra el imperio, equiparando la paz con la
claudicación.
- La intervención en Siria o Irán, ¿Qué
consecuencias podría tener para Palestina?
Ya llevando el tema de Siria e Irán a
los titulares de la prensa, los israelíes consiguieron neutralizar el intento
de Mahmud Abbas de proclamar la fundación del Estado Palestino en la ONU. ¡La
idea ha desaparecido del mapa y con ello su materialización!
- ¿Cuál es el peso de Rusia y China en
todo esto?
Ninguna está en condiciones para desmontar
los planes de EEUU-UE- Israel- sultanatos árabes.
- ¿Cómo valoras la intervención
desarrollada en Libia y el momento actual de aquel país?
Bueno, en
este país africano no había hambruna, el 80 por ciento de la población está
alfabetizado y tenía acceso al agua potable y la sanidad. La esperanza de vida
era de 79 años y la tasa global de fecundidad del 2.7, un signo claro del
avance de la mujer. Lo inverosimil de la crisis de Libia, en la actual
coyuntura de la región, era que los
sublevados no eran los ciudadanos, hartos de
la dictadura férrea de Gadafi, sino jefes tribales –pseudo caudillos-,
que respaldados por los comandos de la OTAN (cuya sensibilidad “humanitaria” se
desactiva cuando Israel bombardea a los palestinos o Turquía a los kurdos)
empujaban el país hacia una guerra civil. Declararlo como «estado paria» y
convertirlo en un protectorado, encajaría a la perfección en la nueva
estrategia de la OTAN, marcada por la lucha de las potencias para hacerse con
el control de los escasos recursos energéticos que quedan.
Libia es la principal reserva de petróleo
de África, cuyo coste de producción del crudo, de gran calidad, no llega al
dólar por barril, comparando con el de Canadá, por ejemplo, que alcanza los 50
dólares. Toda una tentación para las petroleras estadounidenses, marginadas en
el mercado libio que está dominado por Europa, China y Rusia.
El plan contra este país era
sospechosamente parecido al de Irak, otro Estado árabe desarrollado, al que
destruyeron para eliminar un rival de Israel y de paso apoderarse de su Oro
Negro.
EEUU, ante la inestabilidad de Oriente
Medio –principal caudal del crudo del mundo-, y la imposibilidad de adueñarse
del hidrocarburo de Asia Central (zona de influencia de China y Rusia), pone su
mirada en África. Allí, los chinos, adelantándose, ya cuentan con varios
millones de efectivos que no sólo intentan controlar sus recursos energéticos,
sino también sus mercados.
Estamos ante una nueva recomposición de
las zonas de influencia, en la que Gadafi no es más que una pieza de una
pérfida maniobra de EEUU, que después de su terrible tortura, sodomatización y
asesinato (un día después de la visita de Hilary Clinton a Libia), por quienes
supuestamente iban a instalar una democracia en el país, ha enviado a 12.000
soldados al país africano, bajo la supuesta premisa de generar “estabilidad” y
“seguridad”, y en realidad para tomar el control de los principales pozos de
petróleo y demás puertos estratégicos.
Siguiendo la lógica de costo-beneficio,
a los países con valor geoenergético les conviene dejar de luchar contra sus
dictaduras si no quieren que los misiles humanitarios y los largos conflictos
civiles les cubran de muerte, y fanáticos religiosos y mercenarios tutelados
por los colonialistas les condenen a vivir las penurias de un capitalismo
salvaje. Los EEUU-UE están vendiendo la operación libia como ejemplo del cambio
exprés y limpio (sin bajas propias, las víctimas libias, unas 50.000, la mayor parte civiles no cuentan) del
tirano, que no de la tiranía, mientras amenazan a Siria e Irán de ser objetivos
de “ataques preventivos”.
La guerra contra Libia ha tenido unos
claros ganadores: EEUU, que no sólo dominará el Mediterráneo, vital en su
estrategia global, sino que tras expulsar a China y Rusia (que hace poco fueron
desalojados de Sudán) se hace con la mayor reserva petrolífera de África y
golpea la autonomía energética de sus aliados europeos; Barack Obama, que
triunfa en otra guerra sin mancharse las manos y manda al olvido los fiascos de
Irak y Afganistán; Israel, que se deshace de un enemigo; Arabia Saudí, Qatar y
Turquía, que reciben parte del pastel por apoyar a los rebeldes; los consorcios
petroleros Hess, ENI y Total, que aumentan su cotización en bolsa; los bancos
arruinados occidentales que controlan los 150.000 millones de dólares y 144
toneladas de oro libios; y las constructoras, que cobrarán a los agredidos la
reconstrucción de sus escuelas y hospitales.
Pierden: los libios, que dejarán de ser
ciudadanos del primer país africano en desarrollo humano; la ONU, que recibe
otro mazazo a su función de prevenir guerras; la OPEP, que en su seno tendrá a
los representantes de las petroleras “enemigas”; el movimiento por la paz, que
no supo detectar las sutiles maneras que van adoptando las fuerzas belicistas
del mundo como dejar de televisar los bombardeos y llamarlos fuegos artificiales;
y por último pierden los ciudadanos de países de la OTAN que han vuelto a
costear otra batalla por el petróleo sin recibir nada a cambio, como sucedió en
la agresión a Irak.
Otra dictadura que allana el camino del
imperialismo y este que vuelve a pisar el cuerpo de miles de civiles tendidos
sobre un mar de petróleo empapado de mentiras.
- Gracias.
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